lunes, 25 de octubre de 2010

Como

¿Cómo puedo decir esto que hoy me atormenta?,

Si en verdad que ya no me importa.

Mi corazón de hojalata va más allá de este lado oscuro,

en que a solas en el cuarto de hora que apenas comienza

vierto mi dolor, el reproche viene solo

y es la sábana inocente que no conoce del amor

ni sabe de otros cuerpos que antaño poseía,

y no sabe.

La noche ignorante cubre mi cuerpo deshecho

Y es soberbiamente indiferente

de mi desvelo.

¿Cómo quitarme este sueño ausente,

cómo ir más allá del dolor calcinante

de unos besos partidos, de promesas e ilusiones

Que no son más que eso…?

¿Cómo ir más allá de mis pasos ciegos

en mi cuarto a oscuras, de mis pensamientos

que se atropellan el uno al otro en una cruel carrera

donde siempre gana tu memoria?

-la más dolorosa-

¿Cómo ir más allá de la soledad

del café amargo con que se despiertan mis días

de los momentos en que a solas me revuelvo

en mi propia carne y me consumo en los diferentes abrazos

de mujeres que a un lado mío

emulan la tuya?

Tu sangre arremolinada que se vierte

en mis sentidos y en un pasado remoto y tibio

comienza el tormento.

¿Cómo consumirme a mí mismo en la hoguera de este amor,

cómo deshacerme en llanto y quedarme flotando

en el hoy de tus ojos de amaneceres lejanos,

cómo hacerte ajena, si nunca fuiste mía

y fuiste como la primera vez que toque el aire

y respiré tu luz…?

Hay veces, amada mía,

-como hoy-

Que no duermo y en las madrugadas

te recuerdo, te extraño,

y te odio…

y te amo.



Copyright © Eugenio.– Todos los derechos reservados

lunes, 11 de octubre de 2010

Pensamiento

Pienso...

En el hastío sordo de esas mis ausencias, más no en mis alegrías idas
En la soledad de mi cuerpo, más no la de mi alma
En la mezquindad del tiempo, más no en la del espejo
En la ceguera de los años, más no en la de mis dias
En el brillo de las estrellas, más no la de mis auroras
En tu respiro acompasado, más no en la saciedad de tu cuerpo después del amor
En la estrechez de tu vientre, más no en la de mis manos
En la ausencia de mí mismo, cuando te tengo a mi lado...

Eugenio

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domingo, 15 de agosto de 2010

Inutilmente

Sé que es inútil
la caricia que se antepone a tu pensamiento,
la melancolía que ofrece la distancia
y ésta distancia que se diluye en nuestras manos.
El tiempo es inmemorial, lo conozco por ti
por tus pasos descalzos en la escalera
y sé que eres tú, cuando llegas
¡y eres tú!

Ya todo ha pasado,
los minutos, las horas, los detalles,
el amor sincero, la amistad,
las sonrisas y sueños de pequeños,
los inciensos olvidados en las mesas
y en los rincones de tu melancolía...

Ya todo ha pasado,
ya todo es inútil, ya no hay abrazo que valga
el vértice de tu sonrisa
o que nos rompa la cintura en mil pedazos
y nos cuelgue en este frágil lazo de la ilusión.

Y a pesar de todo, a pesar de ti y de mí
la cuerda que nos une, llámese como se llame
sigue resistiendo y me recuerda esos,
tus amaneceres lejanos
y a pesar de todo,
siempre regresamos a un mismo punto
y una sonrisa nos basta entonces, una letra,

una luz impenetrable en cada cornisa
en cada renglón que a veces me indica que sigo pensando en ti.

Me recuerdo también que he de resistirte,
he de respirarte hasta que se me ahoguen los pulmones
en tu llanto de melancolía,
en tu cuerpo, en tus ojos
en lo que eres tú en mí.


Ya ves amor,
yo me digo siempre:
que nunca,
nunca dejaré de amarte...


Eugenio


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domingo, 4 de julio de 2010

Cuadro

Todo se reduce a un simple cuadro
mis brazos y tus brazos
mi corazón de solitario, nada más así
de solitario
y tus ojos que germinan como la primera vez
que se hicieran a la luz
y miran entre los castaños de tu pelo
las hojas hojas en que a veces se cae mi corazón.

De todas formas
-las habidas y por haber-


¡Te amo...!


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viernes, 25 de junio de 2010

Ahí estaba

Ahí estaba,
detenido en la inmensa soledad de unos cuantos segundos,
inmerso en la labia matutina que lo devoraba
y sin embargo en silencio
viendo la caída del agua en la calle
sintiendo el paso de los segundos
y cerrando los ojos al destino.

Ahí estaba,
y pensaba en amores,
sensaciones distintas que se amortizaban en sus sienes
revolcándose en los charcos de agua a sus pies,
en la gente apretujándose a ambos lados de su cuerpo
y no dijo nada, lo devoraba su universo
ese universo distinto dentro de sí mismo
roto solamente por vibraciones lejanas,
notas clavadas por el recuerdo en algún lugar de su oído
o de su alma o qué sé yo, del corazón.

Y ahí estaba,
parado a la sombra de la cornisa
con el corazón y los ojos clavados por el agua
y más allá, a la espera de él,
su acento cotidiano
sus quehaceres de todos los días,
el trabajo,
ajenos a su universo, a la porfía de su alma con resignación
de estar ajeno en estos días en que se cae el cielo.

Y no dijo nada a nadie,
sólo dio un paso y luego otro y otro.

El agua ya no caía al suelo,
caía en su frente junto a los autos…


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