miércoles, 11 de marzo de 2009

Podría ser

Podría ser,
que siempre me devuelvo de la puerta .
A veces corro antes de tiempo
y tarde me detengo, como en madrugadas
de insomnio “a-zu-lado”.
Me costaba pensar en este “del diario”,
en la sombra continua de mis deberes en la escuela.
A veces me gustaba pensar en chiquillas
lentas y bellas, pequeñas faldas apresuradas al colegio y al amor,
puede ser que todo ello llene mi pasado,
porque conmemoro cada siglo en cada respiro
y el caer de las hojas de este cuaderno
entre las plumas de pájaros inexistentes
e imaginarios.

Podría ser,
que me devuelvo de tus labios
que mis brazos se extienden como raíces
para desearte completa, sin miramientos ni obsesiones
y que ese velo extendido de atrás de tu espalda
me cae partido entre los hombros,
desnudos.
Yo no me explico esto de tu amor,
siempre he sido corto en la memoria
cuando las lluvias de otoño o de primavera me asaltan,
tras la ventana.

Podría ser,
que tengo miedo del amor, de sentir
aquella reja en las mañanas de frío.
Puede ser, ¿por qué no?
Yo no sé de quién no ha temido a amar
simplemente por amar.
Todo se me junta en estos lapsos de vacío
la soledad, el amor, la tristeza con halo relampagueante de luz
y se iluminan los sentidos y quedo entonces despierto,
en medio del cuarto, en medio de mí, en medio de ti…


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lunes, 9 de marzo de 2009

Eighties Bar (Capítulo VI)

–Está bien, lo haré –Dijo el hombre comenzando su relato. Yo me sentía ya en total confianza, no sabía si por efecto del alcohol o bien por haber contado lo que me ocasionaba gran pesar horas antes. La desesperación se había quedado atrás, era como si todo quedará en un pasado muy lejano y que se quedará ahí, aunque fuera solo unos días, en los que sin duda tendría que pedir prestado o bien empeñar las últimas cosas que me quedaban y sobrevivir.
–Lo conocí hace tiempo en una convención de nuestra facultad –Continuó mi compañero–, tenía un encanto particular porque siempre mantenía una sonrisa a flor de piel y hacía sonreír a los demás, su popularidad era muy grande entre las mujeres y se justificaba porque era bien parecido. Yo había pensado que el amor ere el más bello y noble de los sentimientos, ahora me doy cuenta que no es así, el amor es tan intenso que te puede llevar a la perdición o bien a la locura, al infierno o a la gloria, por lo tanto a mi parecer, hay un sentimiento que lo sobrepasa, la amistad, este sentimiento es lo más bello que existe porque en él dejas todo de ti sin esperar a ser correspondido, el amor si espera a ser correspondido y no existe si no es alimentado en la misma forma, es egoísta. Mi amigo daba su amistad sin ver a quién, ¿podrías contar el número de amigos que encuentras a lo largo de tu vida?, yo creo que sí.
Fuimos juntos a muchas fiestas, estudiamos juntos mucho tiempo y para muchos exámenes y siempre nos ayudábamos con las mujeres. Pero un día él comenzó a cambiar, su mirada se perdía entre los horizontes que se formaban en sus adentros, entre los interminables minutos de silencio que lo volvían loco a veces, me excluía de su universo. Hubo semanas que pasaba en esa misma situación. Hasta que un día le pregunté que le pasaba, le dije que podía confiar en mí, que si tenía un secreto por el que había cambiado tanto me lo podía decir, después de meditarlo demasiado, esto fue lo que me dijo:
–¿Has visto tu interior?, ¿Sabes lo que pasa ahí?, yo sé lo que pasa en el mío, te contaré lo que me pasó hace algunas semanas y que me sigue atormentando. Una madrugada en que llegaba de una fiesta y que por cierto había tomado más de la cuenta, en la puerta de mi casa me encontré a un hombre vestido de traje, llevaba un bastón en la mano y usaba un sombrero.
–Seguro eras tú – le dije de momento y sin pensar, interrumpiéndolo.
–Déjame terminar el relato y luego me preguntas lo que quieras –Terció sin darle importancia al hecho.
– ¡Perdón! –Dije un poco apenado, continúa.
–Al principio me extrañó la presencia del hombre, sonreía tan raramente que me estremeció –Dijo, continuando con el relato–. ¿Le puedo servir en algo?, le pregunté y sólo se limitó a agudizar su sonrisa y mirarme, su mirada atravesó la oscuridad de la noche y penetró en mis ojos un poco cegados por el alcohol dejándome una sensación tan rara, como su sonrisa, me quedé en silencio yo también, pero momentos después mientras trataba de abrir la cerradura escuche su voz que me decía –permítame ayudarle.
Al momento reconocí esa voz, esa voz era ¡la mía en verdad!, no sé, la noté un poco mayor que la mía, como si eso pudiera ser posible.
–Déjeme ayudarle –volvió a repetir el hombre cortésmente–, me gustaría hablar con usted, es un asunto muy importante y quizá nos beneficie a los dos.
Me quedé sin palabras y sólo atiné a dejarle hacer, cuando hubo abierto la puerta entramos los dos en la casa. Cómo ya sabes mi casa es un poco amplia, mis padres no viven conmigo y gracias a ellos me encuentro en la mayor comodidad posible así que, cruzamos el recibidor y la sala, había algo en el ambiente y esa noche me pareció percibirlo en las paredes, vi los cuadros, las plantas que había puesto en el pasillo y que llevaba a las escaleras allá en el fondo, la soledad se me presentaba de golpe, esa misma soledad en que se encontraban y en la que me encontraba yo mismo, ¡mi soledad!, vi esa recriminación en silencio de darle vida y uso a todo aquello que poseía y dejarlo todo en abandono al mismo tiempo, pero sólo fue un momento, tú sabes que el alcohol a veces nos juega malas pasadas y tiende a amplificar todo sentimiento, derrumba las barreras de la conciencia y las percepciones que tenemos del mundo cambian, ¡pobre de mi! aún no sabía lo que aquélla noche me esperaba y lo que viviría instantes después.
Subimos a la recámara, recuerdo bien lo que pasó esa noche pero el alcohol y el sueño comenzaban a dominarme más profundamente, en el último peldaño el hombre me ayudó a evitar una caída y ya en mi cuarto me senté en la cama y el tomó una silla en la que se sentó sin más, dejando encima de la cama su sombrero y su bastón. El silencio se hizo pesado entre los dos, sólo se escuchaba el sonido del viento, mezclado con el canto de las cigarras. Ese pequeño ruido se fue haciendo cada vez más intenso, como si con ello se remarcarán los segundos de silencio que pasamos frente a frente aquel hombre y yo, en el fondo sabía que era algo en mí, como alguna alucinación o algún sueño retrasado de la noche anterior. No podía explicarlo muy bien, no en esas condiciones y el ruido de las cigarras escondidas en el jardín se hacía cada vez más fuerte, creí que estaba a punto de desmayarme cuando el hombre habló con esa voz que era la mía.

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viernes, 6 de marzo de 2009

Mujer.


En todas partes escondida o mirando,
dejándose ver, una mujer.
En la palabra que no se dice
o en la que se pronuncia despacio
saboreando el primer instante en que se piensa:
“Mujer”.
Sentimiento que juega a ser carne y amor
página que no termina de dar la vuelta
tiempo escondido entre mis tiempos
sueños que se quedan velando en la almohada
y se logran al despuntar el alba.

Mujer,
no eres rosa, ni violeta, ni orquídea, ni espina
no eres nada de eso
eres mujer, mujer de carne y hueso, humana,
aire que revienta en la dulce sensación del beso,
en la caricia fortuita de manos ajenas.

Hay una mujer en todas partes
ya lo dijo el poeta, mujer de risueño contacto
sirenas tambaleándose en altamar
pensando en príncipes perdidos
hallándose siempre en el fondo de un jardín prohibido.

Misterio,
miradas que muestran el universo
ya no puedo decir más, o ¿qué podría decir?
Si mil palabras no bastarían, ni infinidad de poemas
que se trazan en el corazón,
sólo sentirlas y comprenderlas y decir siempre
una misma palabra:
“Mujer”.
Este 8 de marzo, felicidades a todas las mujeres en el mundo
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martes, 3 de marzo de 2009

Nos debemos...

Darío de Regoyos (1857-1913)
Aún nos debemos…

Nos debemos esas ansias olvidadas en un rincón
los recuerdos blindados que no tenemos,
el ahorita en cada momento, los brazos, los labios,
el corazón,
los mares de razonamientos inconclusos,
locuras amarradas al pestillo de la puerta,
las huidas a escondidas, el cigarro en cualquier farol.

Nos debemos tú y yo,
como si nos perteneciéramos,
esclavos de nuestros propios cuerpos,
sencillas jaulas hechas para nacer al amor,
donde se esconde el hacer de las madrugadas
tendenciosas, tercas al silencio,
nos debemos la huella de tu falda sobre mi pantalón.

Nos debemos tú y yo,
no hay más que eso,
en el amor…


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lunes, 2 de marzo de 2009

Eighties Bar (Capítulo V)

– ¿Sabes algo sobre servidores? –Comenzó a preguntar la mujer–, ¿Sobre redes LAN, WAN?, ¿sobre conmutadores?, ¿CCTV?
–Si, también tengo el noventa por ciento de inglés y conozco algo de radiofrecuencia.
–Ya veo –Dijo en un tono cada vez más molesto–, pero nosotros estamos solicitando un ingeniero en sistemas, no un ingeniero en comunicaciones y electrónica, ¿quién te informó sobre el puesto?
–Un amigo.
–Pues tu amigo te informó mal –Agregó, casi con una sonrisa de triunfo en el rostro–, no cumples con el perfil que estamos solicitando, lo que necesitamos es un Ingeniero en Informática, lo único que puedo hacer es mantener tu currículo en cartera por si llegáramos a solicitar a un “Ingeniero en comunicaciones y electrónica”, pero no creo. –Agregó, recalcándomelo en el rostro–.
Fue como si una bofetada cruzara mi rostro, sentí ganas de golpear a aquella mujer, no sé como pude contenerme, el coraje me impidió hablar y decirle unas cuantas groserías, supongo que ella notó mi enojo porque se quedó mirándome unos momentos, después de los cuales y sin poderme contener, le pregunté si ella conocía el respeto hacía el prójimo, hacía su carrera –Si es que la tenía–.
–Te voy a decir algo –Contestó tranquilamente–, en este mundo laboral, donde si no tienes amigos dentro de cualquier empresa o bien si no te mueves conociendo gente y apoyándote en ellos no creces, no tanto por tu capacidad, ni por lo que hagas o dejes de hacer, si no por las relaciones que puedas hacer y mantener.
Me quedé sorprendido, en todas las entrevistas que hasta el momento había tenido, las personas que me atendieron me trataron de una forma que inspiraba confianza y cortesía para conmigo. Mi coraje siguió en aumento, pero sentía el peligro de hacer algo incorrecto o meterme en un gran lío si llegaba a decirle algo incorrecto a esta mujer que estaba completamente equivocada de lo que una profesión es y sobre todo equivocada en la forma de tratar al personal.
–Señorita, ¿Es usted licenciada? –Le pregunté sin más–, una extraña corazonada me palpitaba en las sienes.
–¡Cómo se atreve!, –Fue lo único que dijo, el rostro se le pinto de mil colores distintos, creo que este día mi corazonada no pudo ser más acertada que antes. No dije más y me dí por bien servido con ello.
La mujer comenzó a llamar a seguridad para que me sacaran de ahí, enfrente de mi rompió mi currículo y comenzó a decirme el trabajo que le había costado llegar a ese puesto, el tiempo que había tardado en conseguirlo, que ella no estaba mendigando por un trabajo –como yo–, e infinidad de sutilezas más, pero ya nada me afectaba, la satisfacción de haber puesto el dedo en la llaga iba más allá que sus insultos.
–No se moleste, no me gustaría trabajar en esta empresa –Le dije sin más–, creo que al menos yo si tengo una carrera que me permite tener una ética para con los demás “señorita”.
Salí por la pequeña puerta de la oficina sin voltear. Creo que más allá de una carrera profesional, lo que nos permite ser triunfadores es una pequeña combinación de dos factores: los conocimientos y el trato a la gente. En esto estaba pensando cuando lo vi a usted con los problemas de la sombrilla y la demás historia ya la conoce.
–Es triste que en algunas empresas los puestos de trabajo se vendan, sobre todo en aquellas en donde hay sindicatos, también es triste que se den los puestos por amiguismo a personas sin la debida preparación o bien, que no se den a profesionales por falta de experiencia. Es un tormento el estar vagando de aquí para allá sin que te acepten en algún puesto, también es alarmante el hecho de que no te den trabajo por que sobrepasas las especificaciones que las empresas requieren o por la edad –Dijo el hombre con un nuevo tono de voz, y que me llenó de una paz interior y una calma que pocas veces había sentido–. Pero no todo es malo, no en todas las empresas son así y quizá encuentres pronto un trabajo adecuado, lo único que queda es no dejarse vencer por la situación y aunque se sienta la desesperación que produce esta época de consumismo en donde si no se vive con lujo no eres nadie, en donde lo trivial triunfa y la sociedad te dice que aunque no tengas que comer, tienes que tener carro para estar bien y sentirte bien y sobre todo demostrarle a la gente que en realidad vales. A pesar de todo eso se tiene que seguir viviendo y ya encontraras algo, ¡verás que si!
–Eso espero –Contesté con una ilusión pintada en el rostro–. Ahora le toca a usted contarme la historia de su amigo –Agregué reacomodándome en el asiento.

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