viernes, 6 de febrero de 2009

Blanca...



Ahí estas, muda y sencilla y blanca
nieve de invierno, sentimientos no expresados
que se guardan hasta llegar el día
y llegando el día eres nueva y estas casta y blanca.

Yo te desvisto cada noche,
desvistiéndome el corazón y la soledad
desvistiendo el café y la harina, pan en que te conviertes
fuera de mí, de madrugada.

A veces eres indiferente, pero me miras y me acompañas
y yo te amo como a nadie, como a nadie
te entrego lo que me falta… y lo que me falta eres tú.

Creo yo que no hay amor más puro y más sano
que el tuyo y el mío, compañera de sueños
de silencios, de tardes de sol o de lluvia
de mismas calles, mismas caminatas, mismos silencios, ventanas,
mismas letras.

Hay noches en que no te toco, ni te miro
pero tú sabes que pienso en ti, en tu espalda de marfil
en tu vientre en que me vierto lentamente,
sin mirar atrás, en el mismo instante en que se crea el verso.

Y siempre estás aquí, en la dulce espera
en la dulce melancolía de apenas unos minutos de amor
de confesiones innecesarias que se quedan en tu cuerpo
tal vez,
para siempre.

Una caricia apenas, una mirada que no dice nada
quizá una lágrima o un reproche en silencio
y sólo eso me basta para crearte del barro de mis cenizas
del fuego, de las pequeñas cosas que los poetas hacen grandes
como si todo lo pudieran.

Yo sólo me entrego al placer
de hacerte el amor a todas horas y dejar que a todas horas
te adueñes de mi,
de la esencia que secunda mi sombra y de lo que pienso
y lo que escribo…


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miércoles, 4 de febrero de 2009

Del mar...


(Del mar...
de aquel lado del mar,
vienes tú y yo te espero...
al final del tiempo)

Del gran desierto ingrávido
que es el mar,
de las emociones que encierra
este animal solitario,
tierno, sencillo y solitario
y tierno,
vienen los momentos tristes,
las alegrías y los dolores
danzando entre las olas.

Con miles de rostros meciéndose
entre las oscuras gaviotas
que revolotean entre el aire libre,
y entre la voz que se parte en mil pedazos
y que canta una canción no entendida,
yo, en mil partes me he partido
para entender este dulce canto
de amor.

Del mar,
de la inmensa cortina que es el mar,vienen los días de lluvia,
el viento furioso,las horas, iguales a estas horas.
El destino viene del mar,
del gran desierto del mar vienen las lágrimas de Dios,
sus risas, su soledad, y viene él mismo juzgando,
sentado en la interminable ola del viento.
Del mar también,
del gran viejo que es el mar, viene la vida
y viene el agua andando, como el humo del cigarro que agoniza
en los sentimientos profanos
que se escriben y se escriben
incesantemente entre las páginas
de un libro cansado
y en blanco.

Del mar viene la razón
y viene la felicidad cantando.

Y yo soy como la playa desnuda
que siempre espera algo inoportuno
y repentino.

Yo soy la playa
que agoniza siempre en la eternidad
de un roce de agua...


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lunes, 2 de febrero de 2009

A Zaira...


A la chica que ayer estuvo conmigo…

Este desear que no se quita de la mente
me lleva a pasos y a ratos al placer de mirarte,
de tocarte, de posar mis labios en ti,
en tu cuerpo duro como el aire,
y como el aire, delgado.

Pasión que se cubre de mil colores.
Y tú yaces abrazada a mi cuello, en la cama, distante,
distante de mi y de ti, de los muebles que nos miran
mudos como yo, robándose el misterio del humo
-que no hay.

Hoy te recuerdo entre las palabras que no dijimos
los silencios que inventamos con suspiros,
gemidos que no cesan entre tu cabello y el mío,
olas de mar entre la gente que indiferente se yergue afuera,
ignorantes del pantalón, la blusa y la luz mortecina
en el suelo, tendidos.

Eres incógnita, de nombre diferente,
bruja, sencilla ilusión que se pierde en la tarde
y en el tiempo de una entrega.
¡Oh, diosa del amor!, a ti me entrego sin reservas
a ti te maldigo por llevarme en las alas del placer
y te perdono,
y te bendigo como lo que siempre has sido, mujer.

Todo vuelve a ser uno mismo,
y se queda perdido en el tiempo
y en el nombre que te acompaña
y fue hombre y dichoso por tenerte un momento
por estar contigo…


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domingo, 25 de enero de 2009

Tú no lo sabes...


Tú no lo sabes, no lo sabrás nunca
mientras cierras los ojos
y oyes los suspiros que ya no tienes
y yaces bocabajo sobre mi espalda
y te arrejuntas en mi boca, mis ojos que no te miran
se recrean en el amor de tus ansias.

Tú no lo sabes, pero eres una cosa cierta
una estrella apenas,
una hoja de árbol cayendo en mi sábana,
un respiro así, sencillo o sensual, desnudo,
desnudo como la piedra de mis ojos
o esta urgencia de amor, que se queda
después de amanecer.

Yo soy el que te veo crecer de la noche al día
entre mis sueños quizá, entre la soledad de mi palabra.

Entre mi cuerpo y tu cuerpo hay un espacio vacío
que intentas llenar con tus manos y tus suspiros.

Te miro silencioso y pienso,
pienso en tus gráciles piernas
en tu mirada, en tu pelo.

Tú no lo sabes, no lo sabrás nunca
mientras yo te amo en la oscuridad
tú aprietas el paso, apresurada a cualquier lado
a la escuela, al mercado, a la comida
al corazón quizá…
de otro.


Eugenio
Alevosía


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domingo, 4 de enero de 2009

Y que tal que no existes...





Y que tal que no existes,
que sólo eres un invento de mí,
para mí,
que sólo existes en mis noches,
mis dudas,
mis temores,
en este pedazo de pan,
bocado inacabable para mi espíritu.

Tu cuerpo, sólo harina para mi sangre.

Y que tal que sólo existes en mi imaginación
cuando cierro los ojos y sólo veo tus sombras,
en mi pensamiento oculto,
en eso lo que los hombres llaman silencio, y respuesta ,
en lo que dicen de ti y aún en lo que no dicen,
en el pecado,
en la lujuria de mis noches y mis días de soledad,
miradas furtivas adueñándose de mis ojos
dedicados a doncellas varias, desnudando cuerpos
a diario.

En esta hoja en blanco, en esta pluma,
¿existes?.

¿Qué tal que sólo existes en lo que hay afuera de mi,
en los átomos y las partículas de aire que hay a mi alrededor,
en esto que suelo llamar luz
en la bondad y la injusticia,
en la muerte,
en el corazón de un alma pura.

Yo no creo en todo esto que digo,
ni en lo que dicen ellos de ti,
y sin embargo hay algo más,
una fuerza interior que me empuja,
que me alza los brazos y el alma
y me abre los ojos para verte
sin rostro apenas,
sangre y pan, vino y carne, gloria e infierno…

Yo pienso que debes existir,
por que existimos nosotros
y porque creo en ti.


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