lunes, 2 de febrero de 2009

A Zaira...


A la chica que ayer estuvo conmigo…

Este desear que no se quita de la mente
me lleva a pasos y a ratos al placer de mirarte,
de tocarte, de posar mis labios en ti,
en tu cuerpo duro como el aire,
y como el aire, delgado.

Pasión que se cubre de mil colores.
Y tú yaces abrazada a mi cuello, en la cama, distante,
distante de mi y de ti, de los muebles que nos miran
mudos como yo, robándose el misterio del humo
-que no hay.

Hoy te recuerdo entre las palabras que no dijimos
los silencios que inventamos con suspiros,
gemidos que no cesan entre tu cabello y el mío,
olas de mar entre la gente que indiferente se yergue afuera,
ignorantes del pantalón, la blusa y la luz mortecina
en el suelo, tendidos.

Eres incógnita, de nombre diferente,
bruja, sencilla ilusión que se pierde en la tarde
y en el tiempo de una entrega.
¡Oh, diosa del amor!, a ti me entrego sin reservas
a ti te maldigo por llevarme en las alas del placer
y te perdono,
y te bendigo como lo que siempre has sido, mujer.

Todo vuelve a ser uno mismo,
y se queda perdido en el tiempo
y en el nombre que te acompaña
y fue hombre y dichoso por tenerte un momento
por estar contigo…


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domingo, 25 de enero de 2009

Tú no lo sabes...


Tú no lo sabes, no lo sabrás nunca
mientras cierras los ojos
y oyes los suspiros que ya no tienes
y yaces bocabajo sobre mi espalda
y te arrejuntas en mi boca, mis ojos que no te miran
se recrean en el amor de tus ansias.

Tú no lo sabes, pero eres una cosa cierta
una estrella apenas,
una hoja de árbol cayendo en mi sábana,
un respiro así, sencillo o sensual, desnudo,
desnudo como la piedra de mis ojos
o esta urgencia de amor, que se queda
después de amanecer.

Yo soy el que te veo crecer de la noche al día
entre mis sueños quizá, entre la soledad de mi palabra.

Entre mi cuerpo y tu cuerpo hay un espacio vacío
que intentas llenar con tus manos y tus suspiros.

Te miro silencioso y pienso,
pienso en tus gráciles piernas
en tu mirada, en tu pelo.

Tú no lo sabes, no lo sabrás nunca
mientras yo te amo en la oscuridad
tú aprietas el paso, apresurada a cualquier lado
a la escuela, al mercado, a la comida
al corazón quizá…
de otro.


Eugenio
Alevosía


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domingo, 4 de enero de 2009

Y que tal que no existes...





Y que tal que no existes,
que sólo eres un invento de mí,
para mí,
que sólo existes en mis noches,
mis dudas,
mis temores,
en este pedazo de pan,
bocado inacabable para mi espíritu.

Tu cuerpo, sólo harina para mi sangre.

Y que tal que sólo existes en mi imaginación
cuando cierro los ojos y sólo veo tus sombras,
en mi pensamiento oculto,
en eso lo que los hombres llaman silencio, y respuesta ,
en lo que dicen de ti y aún en lo que no dicen,
en el pecado,
en la lujuria de mis noches y mis días de soledad,
miradas furtivas adueñándose de mis ojos
dedicados a doncellas varias, desnudando cuerpos
a diario.

En esta hoja en blanco, en esta pluma,
¿existes?.

¿Qué tal que sólo existes en lo que hay afuera de mi,
en los átomos y las partículas de aire que hay a mi alrededor,
en esto que suelo llamar luz
en la bondad y la injusticia,
en la muerte,
en el corazón de un alma pura.

Yo no creo en todo esto que digo,
ni en lo que dicen ellos de ti,
y sin embargo hay algo más,
una fuerza interior que me empuja,
que me alza los brazos y el alma
y me abre los ojos para verte
sin rostro apenas,
sangre y pan, vino y carne, gloria e infierno…

Yo pienso que debes existir,
por que existimos nosotros
y porque creo en ti.


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domingo, 28 de diciembre de 2008

De tu sexo a mi sexo


De tu sexo a mi sexo
mis manos y tus manos,
palomas heridas al vuelo de una caricia
o dos o tres…
De mis labios a tus labios
veinte palabras y unos besos,
las miradas que se buscan y se encuentran en dos cuerpos
desnudos a la luz que los toca y besa…

De mi cuerpo a tu cuerpo, las ansias,
el deseo descarnado de mi avidez,
y mis manos y tus manos.
Hay gente por todas partes,
en las calles, en los autobuses, las esquinas, los tranvías o trenes,
en los aeropuertos los he visto, tristemente ignorantes
de lo que sucede hoy, aquí.

Mis manos y tus manos parecen entes ajenos,
que se avivan entre las olas que emanas del deseo enhiesto
cobrándose dos víctimas,
ellas hablan, ven, sienten… siente mis manos
recorriendo lo que las sombras, lo que mis labios.
Te derrites como la cera al fuego
y yo te moldeo y te siento mía, y te quiero y te adueñas de mí
y te me vas del ensueño para despertar a las realidades
que desesperadas se alejan buscando,
yo que sé, pero buscando, siempre buscando…

Me sumerjo en este río de voluntades para encontrarte a ti,
sumisa, encendida, temblorosa en mi pecho,
en el deseo diario de las cosas que no tenemos,
que deseamos más allá de lo que somos,
y te deseo en ti misma, en eso que eres
cuando te tengo en mis manos y cuando yo estoy
en las tuyas.



Eugenio
(Alevosía)
Poemas para mi



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miércoles, 24 de diciembre de 2008

Sucede que a veces te recuerdo...



Sucede que a veces te recuerdo
y me doy cuenta que me faltas,
en la soledad que me cobija con tu atuendo
en el silencio que a mis ojos vence poco a poco.
Sucede que a veces te extraño y todo te extraña
mi cuerpo, mi alma, mis quejas, mis enojos
y todo se vuelve contra mí y todo es mío
como el amanecer en tus ojos, como tu soledad
o tu ausencia.

A veces recuerdo que me paso de largo
en el tiempo de un olvido,
entre las calles, las mismas calles de siempre,
esquinas enarbolando distancias y tristezas,
entre mujeres que mecen sus cabellos al azar
y se ofrecen al mejor postor –y me ven pasar de largo-.
Yo soy nadie, ligero como el aire, como el humo de un cigarro,
viviendo un momento, si tú no estás.

Deberías aumentarte como la tarde
o el frío de la madrugada,
si no te aumentas en mis ojos o en mi cintura atada a ti,
soy nadie.
Con tu reflejo oculto en mi alma
y en esta necesidad que tengo de ti
y que me refleja en la inmensidad de unas horas de amor…
me faltas.

Sucede que a veces te recuerdo
y me doy cuenta que me faltas
y toda tú te haces realidad,
en mis manos que frágiles recorren la línea que dibujas con tu sonrisa,
en el rincón dónde se atesora tu ternura
tu imagen se mueve como si fueras tú misma,
y me doy cuenta entonces que a mi lado,
estas dormida.


Eugenio
(Alevosía)
Poemas para mí


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