A la chica que ayer estuvo conmigo…
Este desear que no se quita de la mente
me lleva a pasos y a ratos al placer de mirarte,
de tocarte, de posar mis labios en ti,
en tu cuerpo duro como el aire,
y como el aire, delgado.
Pasión que se cubre de mil colores.
Y tú yaces abrazada a mi cuello, en la cama, distante,
distante de mi y de ti, de los muebles que nos miran
mudos como yo, robándose el misterio del humo
-que no hay.
Hoy te recuerdo entre las palabras que no dijimos
los silencios que inventamos con suspiros,
gemidos que no cesan entre tu cabello y el mío,
olas de mar entre la gente que indiferente se yergue afuera,
ignorantes del pantalón, la blusa y la luz mortecina
en el suelo, tendidos.
Eres incógnita, de nombre diferente,
bruja, sencilla ilusión que se pierde en la tarde
y en el tiempo de una entrega.
¡Oh, diosa del amor!, a ti me entrego sin reservas
a ti te maldigo por llevarme en las alas del placer
y te perdono,
y te bendigo como lo que siempre has sido, mujer.
Todo vuelve a ser uno mismo,
y se queda perdido en el tiempo
y en el nombre que te acompaña
y fue hombre y dichoso por tenerte un momento
por estar contigo…
Copyright © Eugenio.– Todos los derechos reservados